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29/5/09

¿Podría?...

¿Quién puede escribir poesía
cuando se calla?
Pensamiento errático, reprimido.
Callar cuando se ama,
callar en voz alta...

¿Quién puede escribir poesía
cuando no se llora?
Negación hipócrita,
insensible.
Llorar en el parque,
en el cine.
Llorar con llanto
incomprensible...

¿Quién puede escribir poesía
cuando no se ríe?
Alegría plena,
indestructible.
Inmutable al tiempo,
a la distancia.
A la circunstancia
y a quien declama...

¿Quién puede escribir poesía
cuando no se siente?
Corazón agitado,
desahucidado.
Poesía en sangre escrita,
con comas sonrisas
y lágrimas puntos aparte...

¿Quién puede escribir poesía
cuando no se ríe,
no se llora ni canta?...
¿Quién puede escribir poesía
cuando no se siente,
no se muere
ni se vive?...

18/5/09

Rosas...

-¡Calla! Simplemente calla, que quiero contarte una historia.

Los dos estaban sentados uno enfrente del otro. Él, entusiasmado, prestaba total atención a los labios delgados y suaves de ella, mientras que la bella dama trataba de justificar su comportamiento. Ella Quería enmendar los errores del pasado, causados por la locura y testarudez juvenil; él solo quería verla. Con la intención de alargar la incertidumbre y el vértigo que provocaba la conversación, el joven le dijo:

-¿Pero de qué estás hablando? Las historias me aburren. Ya te pareces a…
-¡Te dije que callaras! ¿Por qué eres tan terco? Siempre lo has sido -reclamaba ella con ahínco.
-Tú has provocado que yo sea así. Por más que desees, no puedes negarlo.

En parte, era verdad lo que él decía. La vida le había jugado muchas tretas, pero la más grande de todas es haber creído que ella lo amaba. Su forma de ver el mundo había cambiado desde que conoció la belleza presente en tan delicada mujer. Muchos han sido juzgados de locos por consumirse en el conocimiento o desentenderse completamente de la vida. No obstante, los más cuerdos de estos son los locos por amor: por lo menos su mente ha sido perturbada no por números, letras o por hechos abominables, sino por lo más delicioso y prohibido que un hombre puede sentir (no conozco lo suficiente a la mujer como para inferir que eso también las vuelva locas. Tendré que preguntarle a alguna).

Ella, por su parte, no se percató del desorden de ser que tuvo al frente durante tanto tiempo (días, meses, años… ¿acaso es indispensable contarlos?). Tampoco era su obligación hacerlo, también tenía una vida independiente. Salía con uno, comía con otro, se abrazaba con aquel y se besaba con ese. En realidad, ella no tenía la culpa de la locura de su amigo: la culpa la tuvo él mismo, pues su cuerda locura lo dejaba también mudo y agudizaba su vista e imaginación.

¿Por qué ese idiota no manifestaba una sola expresión del mar de sentimientos que surgía en su alma? Eso ni yo lo sé (¿por qué tengo que saberlo todo?). Cada vez que la veía, su cuerpo dejaba de funcionar. Entraba en un trance sin regreso. Tan solo le bastaba verla por unos segundos para dejar volar su mente hacia un mundo utópico. Si lograba cruzar una palabra de forma racional con ella, pensaba que leía tomos enteros de la Enciclopedia de la Vida. Cuando sus vistas se separaban por el resto del día, significaba el regreso a la fría realidad de su mundo: un mundo de locos.

En una ocasión, él estaba más rematado que de costumbre. Cuando la encontró, le pidió que la acompañara a un rosal de un vecino, amigo de ambos. Mientras la sujetaba con una mano, su otra extremidad arrancaba del arbusto una pequeña y abultada rosa. En su intento por tomar la flor, su dedo índice fue atravesado por alguna espina malintencionada del tallo, derramando así una pequeña gota de sangre.

Él le preguntó:

-¿En qué se parece una mujer a una rosa?
-Mmmmm… no tengo ni idea.- respondió capciosamente ella. –dime la tuya.
-Simplemente tómala. Luego se te ocurrirá algo.

Seguían sentados en la misma mesa, uno frente al otro. La ansiedad de él aún no disminuía (parece que su té estaba algo cargado). En un movimiento sutil, ella sacó de su bolso un pequeño libro. Lo abrió más o menos por la mitad y sacó la rosa de aquella ocasión. Ya estaba bastante decolorada, pero no había sufrido cambios mayores. Consternado, él le preguntó algo nervioso:

-¿Todavía la conservas? Pensé que esos juegos de niños…
-¡Calla de una buena vez! Piensas demasiado para mi gusto- le reclamó ella por última vez en esa tarde y, probablemente, en todo el resto de su vida. - Ahora déjame contarte mi historia.

Fecha de escritura: 09/12/07

15/5/09

Sátira de la realidad: amor incondicional

Recientemente he leído algunos textos de Gandhi (Reflexiones sobre el amor incondicional) y de Jacques Sagot (Amor y perdón - La Nacion, 30 de enero de 2009) que intersecan en una temática algo subordinada en los últimos tiempos: el amor...

Por favor, si antes de usted leer este texto piensa que "amar" es solo llenar de besos y abrazos a alguien, regalarle las flores más lindas, decir ensordecedoramente palabras melosas... le invito a salir de mi diario, no vaya a ser que se lleve una mala experiencia en su lectura... quitemos esa máscara repulsivamente materialista que le han dado a tan sublime sentimiento (cualquiera regala una caja de chocolates en forma de corazón... ¿quién pone su propio corazón en la caja del amor, y lo obsequia con dedicación?)...

Es muy fácil ver el amor como un sentimiento vano, tratarlo por encima... o peor aun, tratarlo sin importancia de análisis, por ser TAN subjetivo y hasta censurado por la sociedad (o verlo de forma egoísta, como un trato unilateral de "me importa que me amen, y luego ahí veremos para el resto")... Para comprender estos escritos mencionados anteriormente, hay que ver el amor de manera global... No solo como un sentimiento, también como una forma de vida, y un trato recíproco entre las personas... Hecha la salvedad, será conveniente proceder...

Ambos pensadores, Gandhi y Sagot, dibujan una utopía social acerca del amar como estandarte en cada uno de nuestros actos... Tan solo con el hecho de leer "el ser humano no tiene otra misión en el mundo que la de amar" ya nos echamos la soga al cuello (como se diría jocosamente), puesto que nos obliga a meditar si esto es correcto o no... Y si concluímos que no... ¿entonces para qué estamos aquí? ¿Para odiar? Sí, es muy delicado llegar a conclusiones tan extremistas... mejor llevamos todo con un poco más de calma...

Uno de los motivos por el que existen las utopías, aunque parezca extraño, es para mostrarnos lo mal que estamos... Es fácil decir que las utopías son para mostrar un mundo idílico, lleno de perfección y pureza social... Les digo que esa es la forma optimista e inocente de ver las utopías... ¿A quién le gusta decir que está equivocado?

Las utopías nos quitan la venda, y nos muestran lo equivocados que estamos al pensar que nuestra forma de vida es la ideal... Todo aquel que no vea en las utopías un motivo para mejorar la sociedad en la que vivimos, es ciego e insensible... y aquel que diga que nada se puede hacer, es conformista... Peor aun, el que diga que se pueda llegar al ideal, es un iluso...

Esperen, esperen... ¿Entonces qué hacemos?¿Dejamos de pensar en "lo bonito que sería el mundo si..."? Sagot nos ilustra la solución más sensata: "Los seres humanos podremos no ser perfectos, pero sí somos perfectibles, y tenemos el deber ético de acercarnos al ideal, aun cuando sepamos que no vamos nunca a alcanzarlo plenamente."

No está tan alejado de la realidad... a decir verdad, las personas mejoran solo si existe la voluntad de hacerlo... y no tratar de mejorar implica que simplemente no se desea, conformándose y resignándose con lo que es... conclusión: quien no se preocupa por mejorar y perfeccionarse, es un mediocre (y no digo que quien lo intenta y no puede, sea un mediocre... eso es completamente distinto, porque existe voluntad de hacerlo)

Es hora de unir ideas... ¿de qué nos sirve ver el amor como una forma de vida... de estar dispuesto a escuchar, atender, comprender y hablar con alguien, sin miramientos de limitaciones de ningún tipo? Simple, para mejorar como personas... Para mí, es triste ver cómo la gente se alimenta de envidias y rencores... el odio no genera ningún tipo de beneficio, más bien recrudece el ambiente y a la persona misma... amar, en cambio, genera, construye, edifica y realza lo que hacemos... Y no solo esperar a que nos amen, sino tratar de amar a aquellas personas que merecen nuestro aprecio... e insisto (para los que no entendieron al inicio), esto no se demuestra con cosas materiales, mundanas... una tarjetita o un chocolate... se demuestra con hechos fehacientes de nuestro sentir... estar ahí para aquel que amas, siempre... Ese es el amor incondicional...

Gandhi lo veía todo a muy grande escala... ese tipo de proyectos es casi imposible de llevar a cabo, puesto que para que TODO el mundo se ame, literalmente tendríamos que dejar de ser humanos (olvidar impulsos, dilemas, rencores... es muy difícil)... pero con tratarlo en nuestra pequeña esfera de vida, los cambios positivos no demorarían en llegar... Amemos incondicionalmente a quienes amamos, debería ser una obligación... amar condicionalmente? Esa es la verdadera sátira a lo que conocemos como amor...

Fecha de escritura: 31/01/09