02/11/09

Ceguera...

-¡Por acá! Ya estamos cerca.

No es fácil decir "estamos cerca" si en realidad no se tiene una verdadera noción de distancia, de relación espacio-tiempo. Para ti es fácil decirlo, tan natural como respirar o parpadear, sin ninguna ciencia ni misterio. Cosa contraria para mí, no tengo grandes atributos, los dioses dieron caprichosamente la espalda cuando me engendraron, y no tengo necesidad de mencionar los tormentos que esto último me ocasiona día con día (eso para tratar de excusarme por mis incapacidades y limitaciones). Escasamente escucho algo de música, las noticias de la mañana. Leo cuanto puedo (la bibliotecaria no me puede dar una razón por la que hayan tan pocos libros para personas con mi condición), pero no me quejo... O bueno, me quejo un poco.

-¿Por qué tan lento? ¿No ves que ya estamos cerca? ¡Apresúrate!

Déjame respirar tan solo un poco, ¡no es pecado estar exhausto después de tanto esfuerzo! Correr por un jardín floral es realmente correr. Oler las fragancias, sentir con la yema de los dedos los pétalos, saborear la miel y el néctar celestial, escuchar el cuchicheo de las aves y el ulular incesante del viento. En cambio, correr por este no-sé-qué-lugar es completamente distinto: no siento más que la humedad de las paredes, huelo podredumbre de ratas juguetonas con la basura y el agua estancada, saboreo el apestoso sudor que baja de mi frente, y escucho como nuestros pasos se difuminan y dispersan en la nada, en el todo, en lo absoluto y lo incierto.

-Pareces temeroso. Ven, toma mi mano. Yo te guío.

¡Odio la palabra hipócrita, lastimera! Palabras de consuelo para quien las pide, o para quien las mendiga (como quieras decirlo). La ceguera nunca me ha limitado, siempre he podido cruzar la calle para llegar a la academia, nunca he dudado para pedir mi croissant y mi café en La Esquina, siempre he caminado por horas en el parque (lo conozco de memoria, hasta presumiría de mi "memoria fotográfica" si fuera gráfica). No acostumbro a que tomen mi mano, ser dependiente es reconocer que dependo de la independencia de otro, y entonces mataría mi propia independencia (más valiosa que la tuya o la de alguien más).

-Nunca me habías hablado de esa forma...

Te equivocas. Nunca me habías escuchado...

En ese momento, aquel ciego dio una súbita media vuelta, sin explicación evidente para este simple observador. Lo vimos salir del pequeño túnel que comunica la zona industrial de la ciudad con el exterior. No sabemos si fue por su café, a la biblioteca a leer algún libro sin importancia, o a encerrarse de nuevo en su habitación de quinta y escuchar en su radio alguna emisora mal sintonizada. Lo que sí podemos decir es que prefirió hacer cualquier otra cosa a dar, en esta tarde cálida y primaveral, un paseo en aquel parque floral con la más bella flor... En verdad la ceguera enceguece, o extrapola el resto de sentidos. Habría que estar ciego para verlo...

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encanta, sabe!!!! realment genial, y muy diferente!!!! tenia rato de no pasar x aca;pero me alegra q este en latente produccion de textos, bueno espero q se encuentre bien, saludos a la distancia, espero q se encuentre bien, y pronto tenemos q reunirnos para susodicho café!!! hasta pronto!

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